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| Querido medio malote: Agradece a tu postdata por haberte salvado de ir de cabeza a mi carpeta de “impublicables”. ¿Qué es eso de que no todos los malotes son tan pringados como los malotes a los que tú representas? ¿Exactamente en qué grado de malotismo debemos ubicarte? ¿En el grado de “soy lo suficientemente malote para no ser un execrable pijo pero no tanto como para ser un bastardo desestructurado”? Una postura de lo más conveniente, sí señor. Verás, yo tengo la teoría de que la humanidad se polariza en dos bandos antagónicos. Audaces contra pringados. Tíos buenos contra feos. Gamberros contra intelectuales. Ambas facciones tienen ventajas y defectos, y todos sus miembros anhelan secretamente pertenecer a la otra. Los primeros se saben dueños de un fulgor efímero y condenados a una madurez anodina. Los segundos nacen con un seguro de jubilación bajo el brazo y garantías de pasar por esta vida dejando huella, aunque nunca paladearán el frenesí ni los placeres de la juventud. Tú, sin embargo, te posicionas en tierra de nadie, donde ni pega el sol ni sopla viento, en una media tinta inviable. Quieres hacernos creer que tienes todo lo bueno de cada uno, pero en el fondo te sabes lo suficientemente pringado como para que los guays nunca le ajunten y demasiado macarra para ser despreciado por los que algún día manejarán tu destino. Eres como un negro albino al que no permiten la entrada en el Cotton Club ni por la puerta principal ni por la de servicio. Esto te lo dice alguien que sí sabe moverse por las delgadas líneas fronterizas con la soltura del mejor funambulista, y que no recuerda haber visto a nadie más por ahí. El Replicante. |
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¡Apasionante debate nos plantea el amigo Rodri! Tras le negativa de Eduardo Punset a colaborar en esta sección y ofrecernos su siempre preclara perspectiva, he decidido echarle huevos e intentar suplirle desde mi humilde formación humanista muy deficitaria en el terreno ético científico. ¿Cómo sabes que tu semen es malo? ¿Se te escurre licuoso entre los dedos? ¿No es tan denso como los que brincan pizpiretos desde los falos de tus estrellas favoritas? Tírate un par de días sin pajearte y míralo por un microscopio. Piensa en el peso que te puedes quitar de encima si ves que la fuerza de voluntad te abandona durante la espera. Y si confirmas que tu semen es realmente un aguachirri inservible siempre estás a tiempo de extirparte las gónadas y consagrar tu existencia a custodiar un serrallo en Tai-Pei. Pero podría ser que todo fuera una paranoia tuya y que conserves tu potencial reproductivo intacto, que vencieras finalmente el miedo al rechazo pericial y te decidieras a donarlo, perdiendo así su rastro como el que lanza una botella con un mensaje al mar. Sí, incluso podría generar una adorable nínfula programada por el hado para ir cepillándose maduritos interesantes hasta dar con la misma simiente que la concibió a ella. ¿Sería eso incesto? Éticamente no, técnicamente sí. Tu conciencia podrá estar tranquila, pero olvídate de presumir de un mocoso lindo ni despabilado. Presumirás de mocoso hasta que la criatura cumpla cuarenta. Y a tu esposa-hija no la deberías perder de vista ni un solo segundo, no sea que la caces una noche testando la calidad de su semen y tengas que pagar la manutención de otro oligofrénico en la familia. Yo casi seguiría haciéndome pajas y limpiándolas con un calcetín. Como ves, no te expones a poco.El Replicante. |
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Estimado contribuyente: Debo darle la razón en cada una de las líneas que me remite y confesarle mi simpatía. Sin embargo, yo dispongo de mi propio método para identificar a estos individuos de los que me habla. A ver qué le parece. Por desgracia, las personas no tenemos el paladar acondicionado para todo tipo de sabores. Se trata ésta de una limitación lamentable de la que no nos libramos ninguno. Los grandes gourmets son conscientes de ello y no se conforman con lo que les sirven sino que, además, picotean del plato del vecino con la sana intención de ir ampliando su repertorio. Muchas veces terminan con una mueca de asco, pero su curiosidad les convierte en grandes connoisseurs y exigentes sibaritas. El comensal medio se queda con su menú del día: lunes, cocido; martes paella; miércoles, lentejas... Viven sin sobresaltos y con el estómago agradecido. No molestan a nadie y a veces piden un tupper con la factura para compartir sus sobras con otros. Después está El Vulgo. El Vulgo sólo se alimenta de pan, lo que hace que vivan desnutridos hasta el punto de que los dientes les bailen en las encías. Esto les preocupa, no es para menos, e intentan a la desesperada rebañar con sus curruscos los platos ajenos para obtener ese aporte nutricional que su organismo les pide a gritos. Pero son un caso perdido, porque todas las salsas les provocan arcadas y la fea costumbre de vomitar sobre el anfitrión. Entonces regresan a su sitio para continuar babeando su mendrugo mientras maldicen al cocinero y al repugnante gusto colectivo. Espero, amigo Gizmo, que disfrute de su cena y se deje embriagar por el aroma de la mesa de al lado. Y no se corte en pedir permiso para mojar su miga cuando le parezca procedente. Un saludo:El Replicante. |
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Querido colono. Así a primera vista su queja me inspira a tacharle de antipatriota. Antipatriota, sí, y egoísta, por pensar exclusivamente en su propio interés. Considere todo lo que aporta a su gente al tener que atravesar su ciudad a diario. ¿Cuántos limpiadores de parabrisas, buhoneros y bandidos dependen de los niñitos de la Anáhuac que, como usted, son usuarios cotidianos del Periférico? ¿No querrá que se vean forzados a cruzar el borde, donde probablemente serán explotados, marginados y condenados a muerte por un asesinato cometido algún telepredicador baptista? Por otra parte, cediendo su granito de arena en contaminar un poco más la segunda ciudad más radioactiva del planeta estimulará la creación de nuevas fábricas de detergentes con las que clarear el plomo en suspensión impregnado en sus chamarras, y contribuirá así a la regeneración industrial de la zona. Pero si a pesar de todo insiste en obcecarse con su propia conveniencia, pruebe a emular a su bienamado Hernán Cortés y hágase con un penco con el que sortear a los otros vehículos. Porque ustedes ya sabrán que el jinete y el caballo son organismos independientes, ¿verdad?El Replicante. |
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Con que Zovirax, ¿eh, hijo de puta? Lo que de verdad me jode no es que te pires con la primera arrastrada que se te cruce, que podrás jurar que estaba todo lo macizo que tú quieras pero que tú y yo sabemos hasta dónde puedes aspirar. Lo que me cabrea es que después de tres años ofreciéndote mi diáfano orto no te hayas dignado en dedicarle ni el lametón más furtivo. Debe ser que te gustan con tropezones, porque el mío no sólo goza de una higiene ejemplar y de una poda meticulosa, sino que además nunca ha tenido hemorroides. Ni condilomas, que es lo que te debe haber pegado ese, porque las hemorroides no se pasan a la boca. Y eso de que no la viste también me lo tendrás que explicar cuando llegues a casa. A lo mejor te hicieron una endodoncia esa tarde y tenías la lengua dormida. El Replicante. |
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Querida Acuario: ¿Qué tipo de ángel eres tú? Algún demiurgo debe andar satisfecho con mis bajezas para premiarme colocándote en mi camino. Sí, maldita sea, acepto sin paliativos. Como ya te habrás imaginado, mi difícil carácter, mi frustración crónica y mi desprecio por el género humano me inhabilitan para cualquier tipo de relación casual o estable, y por ende, a perpetuarme en descendencia. Nadie quiere un vástago mío, ni legítimo ni bastardo, y yo no soy de los que van por la vida regalando lefazos como si fueran esputos, sin pedir derechos de autor. Tu hijo no llevará mi lacre en sus genes, pero ya se lo marcaré a hierro candente en algún otro sitio. Despreocúpate de tus obligaciones, mujer. No pienso agradecerte esta merced con una obra mediocre. El Replicante. |